Semilleros Creativos: el director Roberto Rentería valora su impacto social

CIUDAD DE MÉXICO (apro).–Responsable desde hace casi un año del Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM), el músico y director de orquesta Roberto Rentería Yrene hace una evaluación del Programa Semilleros Creativos y considera que ha contribuido a ofrecer alternativas a comunidades impactadas por la violencia e incluso por problemas tan fuertes como el narcotráfico y la explotación sexual en lugares como Tlaxcala.

El programa correspondiente a 2022 presentará sus resultados este jueves 24 de noviembre, a las 19:00 horas, en el Auditorio Nacional con la actuación de los niños y jóvenes participantes del proyecto, en áreas como música, danza, teatro, títeres y arte urbano, en el espectáculo escénico “Tengo un sueño”.

Se suman como invitados especiales la coreógrafa y bailarina Elisa Carrillo, el actor Mario Iván Martínez, las cantantes Alejandra Robles “La Morena” y Lila Downs, el Grupo Mono Blanco, el flautista Horacio Franco, La Sonora Santanera, la actriz y titiritera Khristina Giles, la cantante navajo Lyla June, la rapera Mare Advertencia Lirika y la compañía musical de títeres 31 Minutos.

Rentería Yrene explica vía zoom en entrevista exclusiva con Proceso que Fomento Musical colabora en este proyecto con 115 agrupaciones musicales provenientes de 25 estados de la república (su meta a futuro es lograr presencia nacional), y desarrolla el eje central del espectáculo.

Este año, dice, tendrá un significado especial no sólo por la participación de 12 mil niños en distintas disciplinas (6 mil de ellos en la práctica musical), sino porque vuelven a la presencialidad luego de los años de pandemia, lo que permitirá que niños y jóvenes de Tijuana puedan conocer, a través del lenguaje universal de la música, a chicos de Chiapas u otras entidades e intercambiar costumbres y tradiciones. Ver también de cómo el mismo instrumento se toca de diferente manera en otros lugares:

“Se dan cuenta de que sin importar la región de la cual vengan pueden verse reflejados en el otro a través de la música, eso es un ejercicio de trabajo comunitario, de igualdad, equidad, en donde nadie es más importante que el otro, al contrario, todo suma para que el otro pueda fortalecer su trabajo, para que el otro pueda brillar y salir adelante, y terminar haciendo un montaje del repertorio con la más alta calidad posible”.

Enfatiza que en espectáculos anteriores se dio preponderancia a la orquesta sinfónica, pero en esta ocasión tendrán el mismo peso las agrupaciones tradiciones y bandas, así como el Coro Nacional Comunitario, puesto que han dedicado hasta 8 horas diarias de trabajo, “con sus respectivos descansos” y de manera lúdica para lograr un resultado “maravilloso”.

Han estado trabajando en un campamento en el Centro Vacacional Oaxtepec, en donde tuvieron oportunidad de entrar en contacto y convivir con algunos de los artistas. Para ellos, dice Rentería, es un gran aliciente saber que estarán al lado de artistas como Elisa Carrillo, Lila Downs, la Sonora Santanera o Alejandra Robles, por citar ejemplos.

Con Carrillo, reconocida con premios como el Benois de la Danse y Alma de la Danza, han preparado una coreografía a la obra “Alas a Malala”, de Arturo Márquez, dedicada a la activista paquistaní Malala Yousafzai. A Carrillo la conocieron a través de un zoom, pero pudieron estar en vivo con el compositor Márquez, preguntarle cómo escribió “De Juárez a Maximiliano”, para las bandas de los Semilleros.

Entonces afirma convencido el director:

“Es una experiencia de vida que les transforma por completo la manera en la que perciben su entorno. Regresan a él con mucha mayor conciencia de diferentes problemáticas sociales y pueden aportar a su agrupación, a su Semillero, su núcleo familiar y su comunidad desde el hecho artístico. Yo creo que es una de las partes más importantes del campamento”.

Cabe recordar que desde hace más de 20 años el SNFM organiza su propio campamento para la formación de los niños y jóvenes que integran la Orquesta Sinfónica Infantil de México, un proyecto distinto al de Semilleros, pero cuya experiencia han trasladado a “Tengo un sueño”. Es Fomento Musical el organismo encargado de organizar la parte logística del campamento y diseñó el programa de este jueves, que será una suerte de viaje.

Comienza precisamente con la interpretación de “Alas a Malala”, una cumbia sinfónica “poderosísima”, para acercarlos al tema de la defensa de los derechos de los niños; le siguen dos canciones de Francisco Gabilondo Soler “Cri-Cri”: “El baile de los muñecos”, con la Orquesta Nacional Comunitaria y el Coro Nacional Comunitario y la colaboración de Mario Iván Martínez, y “El jicote aguamielero”, en la cual interviene el Semillero de niños y jóvenes con trastornos del neuro desarrollo.

El vasto programa contempla asimismo a la Orquesta de Música Tradicional Mexicana y la Banda Nacional Comunitaria que interpretaran diversos géneros regionales como huasteco, jaranas, jarocho, chiapaneco, y se unirá aquí Mono Blanco. Se puede mencionar que se interpretará música y canto en lenguas originarias, y como invitada especial de todo el evento estará la compañía chilena 31 Minutos, con sus éxitos “Baila sin César”, “El dinosaurio Anacleto” y “Yo nunca vi televisión”.

Problemáticas fuertes

Se le pregunta a Rentería si los Semilleros realmente tienen un impacto en aspectos como el alejar a jóvenes de la violencia o en crearles entornos menos violentos:

“Es difícil tocar este tema, sobre todo porque no existen estudios que puedan demostrar que, en efecto, el arte es una fórmula para acabar con la violencia”.

No obstante, asegura que el programa va creando círculos concéntricos que impactan primero el núcleo familiar de los niños y jóvenes de las agrupaciones artísticas y luego su comunidad. Con su actividad han ido apropiándose de espacios en los cuales en muchas ocasiones no podían estar o transitar por su peligrosidad y ahora ofrecen conciertos, hacen exposiciones o los vuelven sus sedes.

Como ejemplo menciona el Ensamble de arpa grande de Tepalcatepec, Michoacán, integrada en un 70% por mujeres y 30% de hombres, en donde hay familias que al principio no podían ni verse, tenían diferencias, y con el trabajo de la agrupación se vieron obligadas a coexistir en el mismo espacio. Ahora las madres trabajan juntas en la elaboración de los textiles tradicionales que usan los arpistas. Hay otras agrupaciones similares en el mismo estado.

Hay lugares, agrega, donde era muy complicado que los maestros del programa llegaran, como las sierras de Oaxaca y Puebla, pero lo han logrado y ya están trabajando cotidianamente. Otro caso con una problemática “muy fuerte” es Tlaxcala, donde hay prostitución infantil y con Semilleros las niñas han podido darse cuenta de que a través del arte pueden expresar lo que están viviendo y eso les permite defenderse.

De modo que “aunque no existe un estudio como tal, esto nos permite darnos cuenta de que el arte tiene un poder de transformación poderosísimo, que poco a poco empieza a generar cambios sociales, a través del fortalecimiento de capacidades locales, en coordinación con la comunidad, lo que nos lleva a un desarrollo cultural comunitario”.

–¿Entonces han tenido casos de niñas que lograron salir de su problema de explotación sexual porque se incorporaron al programa?

–No, lo que sí podría decir es que a partir de esto desarrollaron un empoderamiento personal que les permite defenderse de diferentes problemáticas sociales, no solamente en el caso de Tlaxcala con el tema de la prostitución, hablo de violencia de género en Yucatán, donde niños y niñas hijos de familia han padecido violencia intrafamiliar. Ahí escribieron una obra junto con su maestra donde expresan cómo su abuelo golpeaba a su abuela y luego le compraba ollas para disculparse.

Detalla que lo que sí han logrado es generar conciencia de lo que no es correcto y así tengan menor riesgo de caer en prácticas de esa naturaleza:

“Por supuesto no me atrevería a decir, porque no conozco, un caso o ejemplo de una niña que haya sido víctima de explotación sexual y lograra salir, pero conozco casos de niñas que sabiendo sobre la existencia de esta problemática, son más conscientes de que pueden defenderse, pueden decir ‘yo no quiero esto, si lo hacía mi mamá o mi abuela… yo quiero expresarme a través de la pintura, la escultura, quiero ser poeta…”

Pero sí destaca el caso de una niña en cuyo entorno había problemas derivados del narcotráfico y participó en el Ensamble de Tepalcatepec de Arpa Grande, decidió dedicarse a la música de manera profesional. Ahora estudia la licenciatura en Música con la Orquesta Escuela Carlos Chávez de Fomento Musical, tiene “un alto nivel musical y compromiso con la música”.

Y así hay otros jóvenes que salen de sus comunidades para buscar un futuro mejor, varios de ellos ya han egresado de la Chávez y quieren regresar a sus lugares de origen como directores o maestros de los Semilleros, a compartir lo aprendido en su formación profesional. Es el caso, menciona, de un joven que ha solicitado ya regresar a trabajar con las bandas comunitarias de Ciudad Juárez.

Reitera;

“Entonces más allá de hacer una aseveración de esa naturaleza, lo que es innegable es que el arte tiene un poder transformador muy poderoso, a veces es más evidente en unos casos que en otros. Y lo que tenemos que garantizar, a través de este programa, es que todos los niños, niñas y jóvenes de nuestro país puedan ejercer sus derechos culturales y la posibilidad de acercarse a este tipo de programas. Si es su decisión hacer de la música, la pintura, el dibujo, el cine, la radio, una forma de vida entonces también estamos obligados a ofrecerles las plataformas que garanticen su desarrollo”.

Impactos de la pandemia

Respecto al SNFM, se le pide a Rentería Yrene –quien realizó estudios de Dirección de Orquesta con el extitular del sistema Eduardo García Barrios– un breve balance sobre el impacto de la pandemia, dado que el trabajo presencial comunitario ha sido su base.

Señala que el impacto es innegable pues se perdió alrededor del 40% de los estudiantes. Antes del inicio del covid-19 llegaron a tener cerca de 8 mil niños y niñas inscritos, durante la pandemia comenzaron a hacer censos que les permitieron conocer que contaban ya con sólo 3 mil 800. Las razones varían, desde comunidades que por el covid-19 se quedaron sin trabajos y los niños debieron incorporarse a apoyar la economía de sus familias.

Un caso es Playa Bonfil, en Acapulco, Guerrero, donde la comunidad vive del turismo, de atender palapas y restaurantes, durante la pandemia “se quedaron absolutamente sin nada, ahí empezamos a ver que los niños no participaban en las clases virtuales, porque se iban con los papás a vender a otros lugares para salir adelante”.

En la sierra de Guerrero y en la de Puebla el tema fue la falta de conectividad, pues explica que cuando en algunos lugares ya se realizaban clases virtuales, en estos sitios los profesores tenían que ir a las casas de los estudiantes dos o tres veces por semana a dejarles tareas escritas. También se tuvieron que llevar las tareas impresas en Chiapas, porque en muchos sitios no había la posibilidad de una videollamada. Otros jóvenes perdieron integrantes de su familia por la enfermedad.

Ahora en 2022 se está haciendo un proceso de reconstrucción, fortalecimiento y reingeniería del programa para que puedan regresar aquellos chicos obligados a dejar su agrupación por diversas causas. Asimismo tuvieron muchos protocolos para un regreso seguro a la presencialidad, desde estudiar la distancia entre los instrumentistas, priorizar el trabajo al aire libre, en fin.

Han logrado cierta recuperación y cuentan actualmente con alrededor de 6 mil niños y niñas en 115 agrupaciones, y poco a poco tratarán de recuperar al 100% de los niños.    

Para finalizar, se le pregunta a dónde pueden ir los niños, niñas y jóvenes que deseen integrarse a uno de los semilleros del SNFM, recomienda acercarse a las agrupaciones cercanas a sus comunidades, donde se les darán informes.

Aclara que no es necesario que los niños tengan conocimientos musicales o sepan tocar algún instrumento y el programa es absolutamente gratuito. Depende más del tema presupuestal y los proyectos que se estén desarrollando en determinadas zonas del país. Al final, el propósito no es necesariamente formar músicos, es una labor “socioformativa a través de la música que busca la transformación”.

El concierto “Tengo un sueño” se realizará este jueves 14, a las 19:00 horas en el Auditorio Nacional, ubicado en Paseo de la Reforma y Campo Marte. Para la entrega de boletos de acceso, se está pidiendo a los asistentes llevar un juguete nuevo y que no use pilas. Los juguetes se entregarán a niños de la montaña de Guerrero. Será transmitido en vivo por Canal 22.

Semilleros Creativos: el director Roberto Rentería valora su impacto social