Miguel Ángel Revilla es un personaje con mayúsculas. Esto es innegable. Hasta él lo sabe. Pero, además, de ser un personaje es omnipresente. Está en todas partes, en todas las teles, en todos los debates, en todas las mesas de colaboradores, en El Hormiguero, al menos dos o tres veces cada temporada, en laSexta, en La Roca, en donde le pongas y en donde le dejen hablar de su Cantabria. ¿Cómo no iba a estar Miguel Ángel Revilla en Joaquín, el novato?

Desde luego, tener a Miguel Ángel Revilla en tu programa es tener titulares. Si algo ha demostrado el presidente de de Cantabria es que a sus más de 80 años lo de callarse ya no va con él. Pero también es un riesgo. Es lo que ocurre con los personajes que tanto se prodigan, cansan. Revilla provoca ese cansancio, al igual que provoca todo lo contrario.

Llevarle al programa de Joaquín para que le enseñase al novato cómo debe ser un buen político o, mejor dicho, cómo es Revilla, el político, era, sin lugar a dudas jugársela. Porque el espectador podría pensar que Revilla fue a soltar sus mismas historias de siempre, sus mismas reclamaciones de siempre, sus mismos argumentos de siempre, pero… ¡Pero cuidado con Joaquín! Porque, no sé si por Joaquín, por el formato del programa, por lo que se supone que tenía que hacer Miguel Ángel Revilla, pero descubrimos a un Miguel Ángel Revilla que pocas veces se prodiga.

Joaquín le quitó el traje de político, si es que es posible quitárselo, y destapó al Miguel Ángel Revilla más personal, al Miguel Ángel Revilla más común, al Miguel Ángel Revilla que empezó siendo y que los focos, los flashes y las cámaras muchas veces ensombrecen.

Revilla, de la cresta de la ola a la arena

Porque Miguel Ángel Revilla no habló de si el Rey emérito ha hecho tal o cual, ni de las vergüenzas de la clase a la que pertenece, la política, ni de si Pedro Sánchez hace o no hace o si Alberto Nuñez Feijóo le cae mejor o peor. Miguel Ángel Revilla se supone que tenía que contarle a Joaquín qué debe tener un buen político. La lección fueron dos palabras: honestidad y ser tú mismo.

No hay duda de que si hay un político que es sí mismo, ese es Miguel Ángel Revilla. Le aseguró a Joaquín que lo suyo con la política es vocación, pero que de pequeño nunca pensó en dedicarse a esto, que le llegó de casualidad, sin esperarlo y sin que los que tenía a alrededor lo esperaran: “Es una vocación, pero una vocación como la que puedes tener tú por tu Betis o por tu Andalucía. Mira, yo en un colegio de curas siete años donde me martirizaron porque hablaba medio bable. Y es cuando me di cuenta de que nadie sabía dónde estaba Cantabria (…) Con 33 años, director de un banco, profesor de Económicas en la Universidad, con un barco… Y me meto en esto. Fíjate si es una vocación que no sé si lo volvería a hacer”.

Y es que a Revilla como se le meta algo en la cabeza es “terrible”. Y se le metió en la cabeza en otras épocas, en las épocas de “Paquito”, que Cantabria podría llegar a ser una autonomía uniprovincial, un ente más allá de Santander. Le costó el despido del banco, le costó el barco y le costó caer de la cresta de la ola a la arena de la playa. “Dije: ‘tengo que intentarlo'”. Y hasta hoy.

“Debes de decir siempre la verdad, tú verdad”, le inquirió a Joaquín. Y fue con esa verdad, su verdad con la que hace ahora 18 años del político nació la estrella de los medios. El Miguel Ángel Revilla que hoy vemos en El Hormiguero y en tantas y tantas mesas de opinión de los programas de televisión surgió por decir en una radio cántabra pequeñita que la comida en la boda de Felipe VI y Letizia había sido más que escasa.

Miguel Revilla y el día que nació una estrella

“Iba pensando que las langostas serían de kilo. Sacaron queso y jamón, un canapé pequeño y pularda, que fue el segundo plato. Pero unas rodajas finas. Y yo dije en esa emisora lo que me había parecido el banquete. Entonces, lo cogió Sardá en Crónicas Marcianas y abrieron el programa con ‘tenemos la declaración integra del hambre que pasó Revilla‘. Yo no lo vi, pero lo vieron 6 millones de personas”. Nació una estrella.

Crónicas Marcianas dedicó aquel programa por completo a Miguel Ángel Revilla, en el que fue duramente criticado por todos los colaboradores, que le tacharon de “paleto, menos por Boris Izaguirre. Revilla colapsó con aquello. De hecho, tomó la decisión de que dimitía. Se lo dijo a Aurora, su mujer, y el día que iba a subirse al atril para anunciarlo, se bajó del coche y había decenas de personas aplaudiéndole por haber contado la realidad, su realidad, del banquete real. “Me acuerdo que un día me cogen por detrás y era el Rey emérito: ‘Joder, Revilla, la razón que tenías con la comida de la boda’“.

Estos fueron sus inicios y todos conocemos al Revilla de la tele y al Revilla de su Cantabria, pero hay un Revilla que pocas veces permite ver. El Revilla de su casa, el Revilla que no habla porque como lleva hablando todo el día cuando llega a casa lo último que quiere es seguir hablando. ¡Y claro que también estuvo el Revilla de siempre!

A una explotación ganadera que se llevó a Joaquín para que conociera de primera la mano la situación por la que están pasando los vaqueros con el precio de los piensos, los sobre costes de la leche, etc. Y ahí sí que hizo del Revilla de siempre. Paseo por la ganadería, escuchar a los ganaderos, poner a Joaquín a ordeñar, darle un biberón a un ternero. Como los nuevos Pedro y Heidi, pero en lugar de en Suiza en Cantabria.

Menos mal que aparecieron las famosas albercas y Revilla volvió a ser el Revilla del espectáculo. “Te echo una carrera”, propuso a Joaquín, y ahí que se calzó el futbolista las albercas y ahí que perdió por mucha, mucha distancia. A éste le conocemos, al que vino después, no.

Las lágrimas que provocó la hija de Revilla

¿Cuántas veces hemos visto a Miguel Ángel Revilla emocionarse, pero emocionarse de verdad? Pocas, por no decir ninguna. Es lo que ocurre cuando quieres mostrar el lado más íntimo. La mujer de Revilla, aunque es más que su propio gabinete no es muy dada a aparecer y a dejarse ver. Y no hablemos de su hija. Pues estuvieron las dos. Y fueron ellas dos las que mostraron el otro lado del presidente de Cantabria, del marido y del padre.

Lo que no se esperaba Revilla es que después de escuchar que “su verdadera mujer e hija es Cantabria”, se iba a encontrar a una ‘fía’ que le iba a llevar a emocionarse como probablemente nunca antes había hecho ante unas cámaras de televisión. “Mi padre lo que no puede estar haciendo nada. Él tiene que estar haciendo cosas. No puede estar una hora sin hacer nada en la playa. Él es intenso”, contó Lara, la pequeña de sus hijas.

No le hizo gracia que Lara Revilla revelara que quien ponía los límites en casa siempre ha sido su madre porque su padre nunca estaba porque toda su dedicación es para la política. No le costó confesar que si su familia le pidiera, que ya se lo ha pedido, que dejara la política, no lo haría. Y que sólo lo hará cuando “esté seguro de que Cantabria no corre peligro”.

Pero cuando no pudo contener las lágrimas no fue al hablar de su Cantabria ni al hablar de nada, fue al escuchar como su hija, a la que muchos ven ya como la futura Revilla en política, soltó un “yo soy regionalista y española porque es lo que me ha hecho amar mi padre” que hicieron retemblara los cimientos de Revilla padre.

No pudo contener las lágrimas, pero tampoco dejó espacio para el consuelo. cuando Aurora vio que le brotaban las lágrimas, intentó acariciarle, pero entonces salió el Revilla roca, el Revilla que siempre dice lo que piensa, pero que no quiere dejar ni un resquicio por el que puedan colarse donde Revilla no quiere que se cuelen. “Ha hablado con la verdad”. Punto.

De hecho, de todos los encuentros con familiares o amigos que ha habido en Joaquín, el novato, éste, de Revilla con su mujer y su hija, ha sido uno de los más largos. Mereció la pena, porque Miguel Ángel Revilla, aunque es uno de los personajes que más audiencia tienen cada vez que sale en la televisión, ya es un personaje ‘quemado’ de tanto verlo.

Se supone que iba a enseñar a Joaquín el oficio de político y lo hizo. Le plantó delante de uno de los públicos más exigentes, los niños, para que diera un mitin a varios colegios de Cantabria. Pero no fue el hito del programa que Joaquín recibiera un 10 de los niños y del presidente de Cantabria, el hito fue que hay mucho Miguel Ángel Revilla por conocer debajo del personaje con mayúsculas que Joaquín, el novato ha conseguido entrar.

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El imprevisto llanto de Miguel ngel Revilla en Joaqun, el novato